DIY…Do It Yourself !

Algunos entre vosotros son quizás familiares con esta denominación que designa un movimiento cultural con numerosas ramificaciones. Del reciclaje verde hasta la cultura punk anti-consumista, pasando por los programas informáticos en Código abierto, Wikipedia y las traperías para burgueses bohemios , es una filosofía de vida que preconiza la autonomía y la maña como alternativa política a un modelo social de mercantilismo dominante. En sus implicaciones artísticas, particularmente en música, DIY es el Hakuna matata de los autoproductores.

La evolución del internet al Web 2.0 no es ajena al brote del movimiento DIY, en este sentido que ha facilitado considerablemente la autogestión artística, a través de las plataformas musicales Myspace, Napster, por solo citar las más conocidas, o más recientemente, Bandcamp y el Artist Hub de Google . Sin olvidar que la red social Facebook, aunque no siendo dedicada a la música, se ha convertido rápidamente en una plataforma ineludible para promover conciertos.

La crisis de la industria del disco, por supuesto, también ha favorecido el desarrollo de este nuevo estatuto de autoproductor. Con reducidos presupuestos y compañias discográficas menos prolíficas, muchos músicos han cogido el toro por los cuernos, y se han lanzado a producir sus propios álbumes.

El autoproductor ha ido adquiriendo así un verdadero reconocimiento estos últimos años: de una connotación despectiva de marginado, en el mejor de los casos, o peor, de desamparado sin talento, no teniendo más remedio que autoproducirse, el artista DIY ya forma parte integrante del paisaje musical. Hasta tal punto que algunos grupos de música hoy consigan darse a conocer utilizando esta red alternativa, sin pasar por cualquiera sacrosanta compañía discográfica. El grupo de rock inglés Artic Monkeys, así como el grupo de rap francés 1995, son dos ejemplos de grupos cuya popularidad se alzó gracias al buzz internet, librándose de los circuitos promocionales tradicionales (que los han recuperados de todos modos sin haber sido solicitados, una vez logrado el éxito).

Queda claro que estos ejemplos quedan minoritarios, tal como lo son los de artistas editados por compañias discográficas, habiendo superado el obstáculo del «comité de escucha», o, sin ir tan lejos, los que consiguen hacer escuchar sus demos a un productor.

Sin embargo, no tiene uno que equivocarse , no se trata aquí de estigmatizar al “Gran productor feroz”, que se pierde varios artistas por buenas y malas razones: contingencias económicas, falta de curiosidad, superabundancia de solicitaciones, etc. El objeto de este artículo no es de hacer la apología del movimiento DIY en una oposición maniquea y reductora a los representantes (grandes empresas o independientes) de la industria discográfica.

Todavía existen numerosas y magníficas compañias discográficas con línea editorial exigente, dirigidas por productores ambiciosos, que siguen afortunadamente apostando e invertiendo sobre artistas.
De la misma manera que existe hoy en dia una comunidad de artistas que decidieron pasarse de intermediarios, por separarles estos de su público.

Una comunidad de artistas que no son todos marginales y pelados, y que no se guían todos por el eslogan francés de los años 70 « si no tenemos petróleo, tenemos ideas». Una comunidad de artistas famosos o no, integrando en sus filas Don X, la señorita Y, Radiohead y el London Symphonic Orchestra.

Regresemos a nuestro asunto. El objetivo de este artículo es poner de relieve la cohabitación de estos dos circuitos, recurriendo a enfoques diferentes que hicieron sus pruebas en ciertas ocasiones, sin ser una solución milagrosa a la crisis de la industria musical.
Me diréis con razón que aqui no hay nada nuevo, pero por cierto se puede lamentar que el artista DIY sufra todavía demasiado a menudo de un complejo de legitimidad, agobiado por el peso de la historia loca del disco en el siglo 20 y de sus legendarias grandes empresas.

Sueños de éxito haciendo relucir los ojos de muchos músicos con solo mencionar una compañía discográfica. Aunque todas las compañías discográficas no propongan contratos respetables a los artistas cuyas obras distribuyen.

Podremos evidentemente deplorar que la falta de remuneración casi generalizada de los artistas por sus grabaciónes (o puramente simbólica por obligación legal frente a las asociaciones de protección de los derechos de los intérpretes) es hoy en dia la práctica la más corriente. Sin embargo, y con riesgo de hacerse el abogado del diablo, es obvio que la crisis del disco ha generado nuevos (des)equilibrios y que para la salvaguardia de intereses comunes, todos los actores han debido apretarse el cinturón.
Menos legítimos son los contratos de distribución propuestos por algunas compañías discográficas (callaremos sus nombres), que imponen a artistas autoproductores una remuneración sobre royalties del orden de 5 % de los ingresos de las ventas, a veces a partir del milésimo ejemplar vendido. La producción (de un punto de vista financiero, se entiende) de la grabación habiendo sido asumida, ¿ hay que repetirlo ? por los artistas, en calidad de autoproductores. En efecto, los gastos de fabricación de los cds son tomados en cuenta generalmente por las compañias discográficas, pero ¡Por Dios! ¡Alucino en colores, oye! …..sin olvidar que este tipo de contrato es propuesto generalmente por compañías discográficas que tienen poca visibilidad, y por lo tanto ninguna capacidad real en defender las grabaciones añadidas a sus catálogos.

¿Pero a quién tirar la primera piedra? ¿A distribuidores poco escrupulosos y demasiado timoratos, o a músicos quiénes, firmando estos contratos, avalan el modelo?
Con un poco de reflexión y lucidez sobre la coyuntura actual, podemos fácilmente darnos cuenta que un artista tiene hoy todo interés, en este contexto, en asumir su independencia, cosechando la totalidad de los ingresos de la venta de sus discos al final de sus conciertos. La inversión no es despreciable, pero a partir del momento en que los gastos de producción ya han sido asumidos, añadir los de la fabricación de los discos no debería ser un reto.

La conclusión es evidente ……. Do It Yourself!

Hannelore Guittet
Traducción al español: Xavier Vega y Patrice Guittet

Fotografia : BSH Shooter CC BY-NC 2.0