El fin de la tiranía del buen gusto: reflexiones de un intérprete sobre las primeras grabaciones

“Si quisiéramos tocar música teniendo en cuenta su aspecto histórico, tendríamos que empezar imitando lo que se grabó, en los inicios del siglo XX, de la música compuesta a finales del siglo XIX y extrapolar a partir de ahí a la música procedente de tiempos más remotos…Hoy incluso, con la vanguardia del movimiento que surgió a mediados del siglo XIX, esas viejas grabaciones ya no son utilizadas, salvo por escasos músicos aficionados a las antigüedades. ¿Por qué? Porque para nuestro gusto moderno suenan como caricaturas. Nadie las toma en serio, ni siquiera los músicos tocando instrumentos antiguos”.(1)

Desde que Richard Taruskin publicó su articulo provocador “The Modern Sound of Early Music” más de viente años atrás, estos músicos han seguido avanzando a través del siglo XIX y más allá, abordando la música de compositores tales como Brahms, Mahler, Ravel, Chaikovski, Gershwin, Poulenc y Stravinski. Mientras tanto, numerosos libros y articulos se publicaron sobre el tema del estilo usado en la primeras grabaciones, estas mismas siendo cada día más asequibles, por medio de publicaciones comerciales, proyectos de digitalizaciones masivas, y YouTube (2). ¿Entremedio, aceptaron esos músicos el reto de Taruskin? ¿Hoy en día, como se pueden comparar las interpretaciones históricamente documentadas de la música romántica con esos sonidos crepitando en los discos?

Las interpretaciones históricamente documentadas (IHD) del siglo XIX han progresado mucho a partir de los años 90, cuando los primeros conjuntos se aventuraron mas allá de Beethoven. El estilo de interpretación de esos primeros experimentos fué extrapolado a partir del enfoque IHD a repertorios del periodo clásico o anteriores, quienes favorecen tempos rigurosos, firmes, y a menudo rápidos, interpretaciones sin indulgencia, y sonoridades sin vibrato.

Actualmente, sin embargo, algunos músicos, practicando por la mayor parte música del siglo XIX, vuelven a descubrir formas de expresión romántica que fueron tabú: Cambios de tempo, rubato, vibrato y hasta portamento.
Es todavía poco común oír actuaciones IHD de música posterior a 1850 que reproduzcan realmente el espíritu de las primerisimas grabaciones. Los portamentos son aún tímidos, los cambios de tempo carecen de esos sentimientos de espontaneidad y desenfreno que se suelen oír en los discos; y los intérpretes modernos tienen por difícil aceptar esa manera floja de concebir los conjuntos, como lo sugieren las grabaciones.

Estas reproducen una expresividad audaz y directa, pero los músicos modernos que intentan usar esos recursos expresivos padecen a menudo de timidez. Eso es por parte sintomático de una forma de esfuerzo aún en su fase infantil, por lo menos cuando se la compara con las IHD de la música clasica y barroca. Eso es también debido al índole de las IHD y los retos planteados por lo que quedó grabado.

El primer articulo de Taruskin sostenía que el movimiento IHD era fundamentalmente una revolución modernista en la manera de interpretar música, debida tanto a Stravinski y Toscanini que a cualquier tratado histórico (3).
Un debate acerca de sus más sutiles argumentos no cabe en este articulo : pero no se puede negar que los músicos interpretan la cosa escrita con subjectividad, según sus propios sentidos del “buen gusto”. Esa manera de practicar, imprescindible para los artistas intérpretes, coincide con las esperanzas de los autores de la mayoría de los tratados sobre interpretaciones. Pero las antiguas grabaciones nos demuestran que el “buen gusto” no es cosa eterna que llegue a superar la sucesión de las generaciones de músicos.


Uno de los más poderosos conceptos subyacentes al estilo de interpretación desde los mediados del siglo XIX es que el exceso es mucho más pecado que la escasez. Hablar poco es cosa buena, cotillear no lo es. Músicos y oyentes del final del siglo XX o principios del siglo XXI tienen por costumbre de rechazar todo lo que es excesivo, demasiado complaciente, sentimental o desenfrenado, todas estas cosas consideradas de mal gusto.

Por lo tanto, las primeras grabaciones nos indican que ese estilo, que nos parece tan exagerado y caricaturesco no era tan solo normal para los músicos de los finales del siglo XIX, pero imprescindible a su modo de expresión.
Si buscamos un enfoque histórico de la música de los fines del siglo XIX, aparece con evidencia nuestro gusto contemporáneo, teniendo que enfrentarnos con el hecho que las IHD nos llevaran más allá de nuestro sentido del “buen gusto”. Ser músicos IHD no significa que debemos conformarnos al pasado: Hemos de conocer al pasado, sin ser sus rehenes.
Ensayar las técnicas de expresión del siglo XIX, sin tratar de asimilar el espíritu que las guió, es perderse una grande oportunidad.

Si nos dedicamos a entender el espíritu y la letra del estilo romántico tardio, podemos apoderarnos de nuevo un vocabulario que se llegó a perder : Permitiendo intensos portamentos expresando emociones sinceras y también ironia, dejarse llevar en los brazos de la excitación iniciada por un accelerando, más bien que ser el esclavo de una claridad o control perfectos, relajando nuestra actitud, lo que nos permitira un mayor nivel de libertad y espontaneidad.
Esto es el idioma de tiempos lejanos, cuando la música era música en el instante: tiempos en los que, antes de las tecnologias de grabación , se otorgaba a los músicos un fuerte sentido de responsabilidad. Todo eso quedara fuera de nuestro alcanze si quedamos ligados con ideas del siglo XX, tratandose de gustosas actuaciones, con aversión a todo tipo de exceso.

Será quizás posible conseguir algo, dejando de lado nuestro sentido moderno del buen gusto:
Aparece que por tener miedo a una indulgencia excesiva , hemos perdido toda capacidad de darnos placer.

Emily Worthington
Traducción al español: Xavier Vega


(1) Richard Taruskin, ‘The Spin Doctors of Early Music’, en el New York Times, 29 de junio1990; reimprimido bajo el título ‘The Modern Sound of Early Music’ en Text and Act (Oxford, OUP: 1995) pp. 168-9.

(2) Se podrán consultar:

– Timothy Day, “A Century of Recorded Music: Listening to Musical History”. New Haven, CT: Yale University Press, 2000;

– Robert Philip, “Early Recordings and Musical Style: Changing Tastes in Musical Performance”, 1900-1950. Cambridge: Cambridge University Press, 1992.

Entre las investigaciones emprendadas figura un proyecto financiado por AHRC en la Universidad de Leeds titulado “ String Chamber Music of the Classical German School, 1840-1900: A Scholarly Investigation through Reconstructive Performance”, dirigido por el Dr David Milsom. Entre las coleciones asequibles gratuitamente en el Internet hay “the Centre for the History and Analysis of Recorded Music (CHARM)”: http://www.charm.rhul.ac.uk, así como “the British Library’s Archival Sound Recordings project”, http://sounds.bl.uk .

(3) Taruskin, op. cit., 167.