El Arte del siglo XXI será comprometido o no será #8 – Del aprendizaje a la esclavitud

Hablemos, si ustedes quieren, de eso que todos los músicos conocen: el concierto no remunerado.

Tranquilos; el concierto no remunerado nunca es evocado como tal.

No.

Porque su verdad intrínseca no es éticamente factible.

La duda que me asalta aquí es la siguiente: ¿Qué hace que un artista, un músico,acepte que no se le pague por una prestación? ¿Qué camino debe seguir para llegar a una situación tal?

Sentemos las bases del asunto: se necesita un promedio de 15 a 20 años de trabajo constante para alcanzar un nivel profesional y digno de ese nombre. Considerando que desde la infancia y la adolecencia ya se testimonia una doble vida: La escolaridad es sobrecargada con un aprendizaje riguroso de la música. Durante este tiempo, el niño/adolescente, lógicamente, toca en público sin remuneración y este trabajo le cuesta, tanto como la escuela.

Hasta acá, nada raro.

Sabemos que, en términos generales, cada egresado empieza a buscar trabajo recién cuando ha finalizado sus estudios. Sin embargo, para los alumnos de música, las posibilidades de realizar conciertos comienzan habitualmente durante la carrera. Y, es natural, que los estudiantes deseosos como están de hacerse conocidos y ganar experiencia, acepten tocar « por nada ». En el contexto de conciertos estudiantiles en relación a una institución, un conservatorio, etc., nada raro.

Pero el corrimiento de tierras opera insidiosamente. Organizaciones en cooperación con los conservatorios se sirven alegremente de este semillero particularmente interesante de jóvenes artistas y favorecen instancias de presentación con la noble intención de « promover el talento joven ».

Una cosa lleva a la otra. Mientras tanto, el músico recién graduado se preocupa de buscar oportunidades (la mayor parte del tiempo por sus propios medios) para realizar conciertos.

Es entonces que, con una naturalidad escandalosa, a este joven músico se le será propuesto realizar alguna presentación gratuita, para « promover su trabajo » ¿De qué se puede quejar? ¡Es una oportunidad formidable la que se le presenta, en términos de visibilidad y reconocimiento! Y claro, hay que pasar ciertas pruebas antes de recibir un verdadero pago!

Hasta acá, nada raro!

Hasta acá, nada raro???

¿Qué hace, entonces, el que ha aceptado toda su vida tocar gratis frente a su familia, sus amigos, su curso?

Acepta, la mayoría de las veces, seguir tocando gratis.

¿Por qué? Porque, sicológicamente, nunca ha atado los cabos para darse cuenta que debe vivir de su arte. Está acostumbrado a no ser remunerado por su trabajo.

Traigamos a colación la idea que evoca el status de músico, que lo reduce a más ni menos que al rol de un sirviente, y que lo ha definido por algunos siglos. Consideremos que existe una imagen persistente del músico « muerto de hambre », absorbido por su arte (un estereotipo que a penas ha cambiado) y que los músicos actuales han heredado este modelo. ¿Qué decía yo? ¡la deuda sicológica!

Este joven músico acepta la mayor parte del tiempo tocar gratis, porque, con frecuencia, empieza a dar clases y se dice « bueno, no hay problema de no ser remunerado por un solo concierto » (se necesitan muchas horas de trabajo para poder completar una hora en la presentación, por la que, recordemos, al músico no se le pagará nada).

En fin, acepta porque a veces también continúa enriqueciendo su arte al recibir paralelamente la enseñanza de un maestro. Esto acaba por hacer perdurar la falta de confianza, el sentimiento de infantilización y aceptar que se está en una situación donde se necesita subir la autoestima.

El músico entonces, deja que la situación perdure. Continúa viviendo en su sueño, es decir, se da cuenta que trabajando así no puede ganarse la vida pero se aferra el hecho de « estar invitado » (estas palabras enfatizan la idea de una situación de favor).

 « Le propongo venir a tocar a *****, un festival muy conocido, ¡es una oportunidad formidable la de tocar en él! Bueno, sin embargo no podemos pagarle…¿los costos del transoprte y la comida? No, eso es por cuenta suya, usted comprende, no se lo podemos permitir. « 

 

Al final del día, el fantasma de hacer música sigue rondando, los años pasan; la idea se ser reconocido, visto, de no perder « esta gran oportunidad » van consumiendo…Por el poder de las palabras, se ha invertido el proceso: « dar la posibilidad », « una oportunidad formidable », « ser visto por mucha gente », son frases que van construyendo una prisión de la cual es difícil escapar.

De hecho, muchos músicos aceptan hacer presentaciones gratis, o « al sombrero », o incluso, recibiendo pagos proporcionales al número de espectadores (25 euros por persona para un grupo de música de cámara, en un local de París sobre el cual tendré la decencia de no divulgar el nombre) La consecuencia de esto es la disfunción del mercado.

¿Cómo puede uno esperar ser pagado, si sus propios colegas aceptan lo inaceptable? ¿Cómo pensar en cambiar el modus operandi de ciertas organizaciones cuando su sistema, a pesar de todo, funciona?

Músicos de todas las calañas: para su información, las tarifas de trabajo mínimas están disponibles aquí.

Otra duda nos asalta: ¿Somos demasiado numerosos para ser todos pagados y escuchados?

Si éste es el caso, no hay ninguna duda que no es la perfección la que nos salvará sino la personalidad; el hecho de hacernos necesarios por medio de una voz y una vía única.

No a la música gratis, porque es un producto manipulable; intercambiable y desechable.

Démosle fin a este sistema feudal y denunciémoslo, ya que hace perdurar el mito del músico-servidor.

Laurianne Corneille
Traducción al español:María Magdalena Jiménez

Ilustración : a big thank you to katelewisdesign.co.uk (I’m an Artist this does not mean I work for free)

Foto : Rico Adiputra (CC BY-NC 2.0)