El progreso no se detiene

don't stop the music - andreas blixt - CC BY-NC-SA 2.0Si hay una mutación de la sociedad de la que nuestra generación es un testigo privilegiado, es la de la comunicación.

Todas las grandes evoluciones tecnológicas de los 30 últimos años han sido orientadas al desarrollo de los sistemas de comunicación. Por ejemplo (sin ser exhaustivos) el fax, el beeper, el móvil, internet (y más específicamente las redes sociales Facebook, twitter, Instagram, Soundcloud, etc.), el satélite, la fibra óptica.

Mutación pues, sin duda alguna. ¿Progreso? No siempre …

Hablemos un poco de música, ya que es lo que nos interesa aquí a priori.

El año 2003 ve el lanzamiento de Myspace. Inicialmente pensado como una red social sin blanco específico, los músicos y DJ’s se la apropian muy rápidamente como herramienta de promoción de su trabajo.

Conocemos la continuación de la historia: verdadera burbuja especulativa de la oferta musical en la web, Myspace se hace « tendencia » hasta el punto en que los perfiles de ciertos grupos tienen una mejor audiencia que su página web oficial. La que fuera su principal ventaja al inicio, la gran popularidad de la plataforma acabará, sin embargo, por provocar la indiferencia progresiva de los internautas (Myspace ha sido vendido el último año por Rupert Murdoch 16 veces más barato que su precio de adquisición en 2005).

myspace - kanghee -CC BY-NC-ND 2.0¡Y con razón! Todo el mundo tiene un perfil Myspace. Desde Beck hasta la London Symphony Orchestra, pasando por el menor grupo de quinceañeros barrosos, músicos de domingo y trovadores de los bailes populares de mi abuela. ¿El resultado? Una profusión de música de libre acceso en internet, mucho más de lo que sería posible escuchar en una vida. Y nada fácil de clasificar.

Myspace, como otros pioneros de las redes sociales especializadas, habrá tenido el mérito de democratizar la herramienta informática en una aplicación muy específica, una clase de “blog musical para negados », en cierto modo… Pero precisamente, ahí es donde el problema comienza, «ser un negado» ya no basta. La plataforma y sus copias (Reverbnation, Soundcloud, Bandcamp, Google Artist Hub, etc) se hizo trivial tan rápidamente que, para los músicos de hoy, ya no es más que un pre-requisito, una tarjeta de visita, pero en ningún caso una garantía de profesionalismo. Se encuentra de todo en estas plataformas y, sobre todo, cualquier cosa …

Eso no impide que a pesar de este aspecto « cajón de sastre » exento de línea editorial, la herramienta, emblemática de la era de la comunicación 2.0, se hizo ineludible, y es evidentemente el origen de la superabundancia de música puesta a disposición gratuitamente por internet (a menudo, por otra parte, en detrimiento de los principios fundamentales de la propiedad intelectual. A título indicativo, Universal Music había llevado a Myspace ante la justicia en 2006 para protegerse de las derivas de la explotación sin autorización de música con copyright).

spotify -aren't you alex spencer - CC BY-SA 2.0El segundo « efecto Kisscool »

La continuación lógica de esta « comida de coco » cultural ilimitada se encarnó en el nacimiento de las plataformas de streaming, Spotify y Deezer a la cabeza.

« Progreso tecnológico » innegable: ¡en un clic, toda música del mundo a disposición! ¿Quid del «progreso social»?

No se trata aquí de lamentarse por enésima vez, como reaccionario asumido, sobre el placer del objeto CD o vinilo, de llorar la época casi cumplida del papel de prescriptor de los vendedores de discos, o todavía de fustigar el concepto hipócrita (cuánto más preferible lírico) de democratización cultural que confunde « cultivarse » y « consumir ».

No, se trata sencillamente de defender los derechos sociales de los músicos creadores de contenido, o en otras palabras, el derecho elemental a la remuneración. El debate no es tan tecnológico o de costumbres como ético.

¿La música es un bien de consumo como otros? ¿Qué tipo de oferta de consumo ilimitado se encuentra corrientemente?

¿Las sodas en los fast-foods en EE UU ? La ecuación es simple, al cabo de un litro y medio, usted vomita, o se hincha seriamente. La apuesta financiera está perfectamente dominada.

¿Las ofertas de móvil e internet? El servicio propuesto es la puesta a disposición de una tecnología. Si el proveedor es víctima de su éxito, instala otras antenas para resolver los problemas de ancho de banda y de saturación de red. El sistema es equilibrado, el consumidor financia al proveedor para el servicio propuesto.

Pues precisamente es ahí donde está el problema, en el caso particular de la música y de las ofertas de streaming: el cordón umbilical que relacionaba a los productores con los distribuidores ha sido cortado. Las plataformas musicales más lucrativas (Youtube, Spotify, Deezer) no reinyectan dinero en la producción del contenido que los hace generosamente vivir.

La tasación proyectada a los proveedores de acceso a internet y otros peces gordos de la web multimedia es, pues, completamente pertinente y deseable. Esperemos que el nuevo gobierno (particularmente la ministra de la Cultura y de la Comunicación Aurélie Filippetti) cumpla en este tema todas sus promesas de campaña …

Hannelore Guittet
Traducción al español: Patrice Guittet y Ana Sánchez Hernández

Fotos : Andreas Blixt (CC BY-NC-SA 2.0) , Kanghee (CC BY-NC-ND 2.0), Aren’tyouAlex-Spencer (CC BY-SA 2.0)